Una bomba en el avión [Lema JAFET] (16/16)
⊆ Martes, 14 de Diciembre de 2010. Publicado por José María | Sin comentarios »Leer decimoquinta parte del relato
Así finaliza el relato…
Una mujer, elegantemente vestida, intentaba abrirse paso, agitando sus brazos, en uno de los cuales se estremecía un costoso bolso de piel de lagarto.
- - ¡Jaime! -gritaba- ¡Por favor! ¡Déjenme pasar! ¡¡Jaime!…
- - ¡Un momento, señora! ¡No pasa nada! ¡Deténgase!
Pero la mujer no obedecía. Redoblando sus esfuerzos consiguió atravesar el cordón y llegó a todo correr frente a los policías que custodiaban a los dos detenidos.
- - ¡Ah! ¡No me engañaba! ¡Pensabas abandonarme!
- - ¡Dios mío! ¡Mi mujer!
- - ¡Sí! ¡Yo he sido la que te he hecho regresar!
- - ¿Qué dice, señora? A ver, explíquese.
Un policía, que llegaba corriendo tras ella, la había cogido del brazo, separándola de Jaime, su marido.
- - ¿Cómo explica lo que acaba de decir?
- - ¡Oh!
- - ¿Ha sido usted la que avisó por teléfono? -preguntó el policía dándose cuenta de que todo podía haber sucedido de alguna extraordinaria forma.
- - Yo… Bueno: yo dije que habían puesto una bomba… Pero era una broma. Lo que yo deseaba era que regresase mi marido… ¡Se fugaba con esa indecente! ¿No se da cuenta?
- - Con que ¿fue usted?… -el policía sintió un imperioso deseo de asesinar a aquella inconsciente estrangulándola. De cualquier modo se habría sentido satisfecho. Sin embargo, dejó que la razón le dominase y dejó asomar a sus labios una sonrisa venenosa- Queda detenida, señora…
- - ¿Yo? ¿Detenida yo? ¡Es a él a quien deben detener! ¡Quiso matarme!
- - Eso lo averiguaremos luego. Por el momento…
- - Pero ¡si es verdad! Tengo un amigo farmacéutico y le di, para analizar -sacó algo del bolso y se lo mostró al policía- esta cápsula. Contiene ácido prúsico… Y está preparada de tal manera que, aunque yo la tragase, tardaría un par de horas por lo menos en disolverse en mi estómago. Luego…
- - ¿Qué está usted diciendo? ¿Qué cuento es ese de la cápsula y…?
- - Yo le vi. Estaba en el cuarto de baño. Tiraba los polvillos que contenía la verdadera medicina y los sustituía por estos otros. Luego, todo lo metía en una cápsula: esta. Supuse que deseaba matarme para escaparse con esta mujer… No dije nada. Llevé a analizar la cápsula… Y luego -añadió bajando los ojos- llamé aquí por teléfono. Dije que habían puesto una bomba y así estaba seguro de que volvería… Es un asesino. Ha querido matarme, pero le quiero. ¡A esa, a ella es a quien deben detener! ¡Me quiso robar el marido…!
El policía la miró, desconcertado. Aquella mujer no andaba bien de la cabeza. Casi comprendía que Jaime hubiera deseado librarse de ella. Pero no era esa su misión. Suspiró y la cogió del brazo.
- - Está bien, señora. Todo eso es muy interesante. Pero usted, esta mujer y su marido, van a disfrutar una temporada de alojamiento gratuito. Luego, ya veremos quién tiene razón. Por el momento, vaya reflexionando hasta la Comisaría sobre el resultado de su… broma… Todos los viajeros deben desear decirle algo en voz baja. Es mejor que se aleje cuanto antes. Por aquí. El coche celular, está esperando.
FIN
LEMA: JAFET
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